México: Los incordios de la “democracia” (II)

agosto 18, 2006


Carteles y mantas de este tipo se pueden encontrar en muchos puentes y pasacalles de la Ciudad de México. Enarbolando el derecho a expresarse libremente, los seguidores de AMLO han cubierto la ciudad con materiales de este tipo.

Además, sus acciones de protesta están trayendo, aparte de molestias y pérdidas para miles de capitalinos, la sensación de que el partido, a pesar de ser gobierno en el mismo D.F. y en otros estados de la República Mexicana, la segunda mayoría en las cámaras y con una amplia influencia a nivel local, no es todavía una opción de izquierda moderada y moderna que el país necesita y solicita.

En un país en el que millones de personas (¿40, 60?) viven en la pobreza, una nación cuya segunda fuente de ingresos son las remesas que envían los inmigrantes que radican en EEUU, una opción política que atienda las necesidades e intereses de la gente, haciendo un énfasis especial en los que menos tienen pero sin tildar a los empresarios de “lo peor de México”, es deseable, necesaria, imprescindible.

Mientras en el seno de la llamada “resistencia civil pacífica” haga veladas amenazas a un probable levantamiento popular, a una revolución o un supuesto despertar de un “México bronco”, no es posible pensar que el PRD será esa opción.

¿Es posible que el movimiento poselectoral dé paso a un levantamiento armado y organizado? Lo dudo. Pueden haber enfrentamientos puntuales más o menos importantes -incluso muertos que serán convertidos en “mártires”-, pero que no dejarán de ser violentas anécdotas que no conformarán, ni mucho menos, una revolución a nivel nacional.

Sin lugar a dudas, permitir que se instale el “fantasma de la violencia” es el mayor error estratégico, político y de reputación en el que ha caído el PRD desde su fundación.

La muestra más palpable de ello ha sido el rotundo fracaso de “La otra campaña” del EZLN. Si el PRD no es capaz de ver lo evidente puede estar destinado a tener la misma relevancia que los zapatistas a diez años de su irrupción en la escena mexicana.

Las propias contradicciones del Partido de la Revolución Democrática están llevándolo a hacer varias cosas al mismo tiempo, en una vorágine que ha borrado casi por completo el perfil ideológico que pueda identificarlo como una opción política clara y unificada de cara a la población: desconoce el proceso electoral, pero acepta las constancias de mayoría de sus candidatos ganadores; hacen todo dentro del marco legal, pero no aplican la ley cuando no lo consideran conveniente (como sucede en el DF); reciben a políticos de otros partidos que han criticado cuando han sido sus adversarios.

Es cierto que algunos movimientos de distintos grupos políticos opositores al PRD (el desafuero, la reciente alianza en Chiapas) van destinados a cerrarle el paso a este partido y a sus candidatos a como dé lugar, pero la fuerza de los argumentos perredistas se diluye cuando se cometen tantos excesos, tantos errores y se le da la espalda a la ciudadanía de forma tan evidente.

Mañana más…

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