México: AMLO, entre la muerte (política) y el futuro (presidencial)

julio 6, 2006

A esta hora, el recuento de las boletas electorales en la contienda presidencial mexicana da una pírrica victoria a Felipe Calderón frente a Andrés Manuel López Obrador.

La guerra mediática ha cambiado de campo de batalla a las instalaciones del IFE en la Ciudad de México, en donde se han ido facilitando datos sobre el avance del recuento que pasó de darle la victoria al candidato panista a otorgarle una ventaja clara al perredista hasta llegar a la actual mínima diferencia de un poco más de medio punto porcentual para el blanquiazul.

AMLO, el candidato del PRD, no es Al Gore, ni aspira a repetir el camino de Cuauhtemoc Cárdenas esperando otros 6 años a una nueva oportunidad. El perredista está acostumbrado a reclamar, a protestar y a luchar y, aunque sus métodos no sean siempre los más acertados, su estilo personalísimo de entender la política lo ha encumbrado hasta el umbral de la presidencia de México.

El tabasqueño lo sabe y ha vivido con intensidad todos estos días. Ha cometido excesos, luego ha abierto un compás de espera y ahora, cuando todo parece indicar un desenlace en su contra, vuelve a levantar los puños y está dispuesto a exigir el recuento voto por voto.

Por desgracia, hay motivos para la suspicacia. Los vaivenes de las preferencias electorales, la pésima actuación del consejero presidente del IFE, los más de 2,5 millones de votos no contados…

En esto se basa López Obrador para lanzar veladas amenazas de un posible -e indeseable- conflicto poselectoral.

Aunque multitud de sectores quieran dar por cerrada la elección y pidan que no se extienda la incertidumbre, lo cierto es que el horizonte no presagia la vuelta a la tranquilidad.

Los mexicanos hemos votado y merecemos que el proceso electoral despeje cualquier sombra de duda. Preferimos esperar 6 días, 6 semanas o hasta 6 meses, que tener en los próximos 6 años a una persona en la presidencia de la República que realmente no ganó las elecciones.

Andrés Manuel López Obrador sabe que los próximos días marcarán para él sólo dos posibles opciones: su muerte política o su futuro como presidente.

Para AMLO, no hay malos arreglos, sólo buenos pleitos, si éstos sirven para asear una elección que se ha manchado por errores que pueden ser subsanables.

Si todo vuelve a ratificar la derrota de López Obrador, éste tendrá que aceptar los resultados.

No se trata de la voluntad de los políticos que quieren cerrar en falso esta crisis, ni de aquellos que sólo hablan en términos de la tranquilidad del mercado… Se trata en todo momento de la voluntad de los mexicanos.

Algunas veces no se entiende esto. No hay ni una, ni diez, ni cien razones… sino cuarenta y dos millones de razones para solucionar todo este embrollo.

No es que el país se lo merezca, sino que la nación lo reclama.

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